Confesiones de escritorio

by 13:21



  Hace dos días salí de vacaciones. Reconozco que después de este semestre sentarme a escribir en el blog es un placer, no solo por escribir, sino que hace tiempo no hacía algo sin tener ese peso de culpa de no estar estudiando. No es que uno no haga más cosas además de estudiar, pero es esa sensación de poder estar aprovechando mejor el tiempo la que no te deja disfrutar de otras cosas en paz (no sé si las otras carreras sean iguales?)

 En fin, hoy al fin puedo escribir con la total libertad de saber que no hay cosas por hacer :D Y ayer en la noche mientras dibujaba me acordé de lo miserable que soy con algunas cosas de mi escritorio y no pude evitar preguntarme si existirá gente igual de miserable o peor que yo:

1. Mi hermano me regaló para un cumpleaños una maravillosa caja con lápices de colores. Comprenderán que cuando uno es amante de los lápices que te regalen algo así es como haber llegado al cielo. Son mi adoración y no se los presto a nadie (lo sé, ya dije que soy miserable). Tampoco me gusta sacarles punta porque encuentro que la caja se ve fea cuando unos lápices quedan más pequeños que otros.




2. Mi pololo me regaló al poco tiempo después una caja con lápices de mina de distintas durezas para que dibujara (o más bien para que tratara de aprender a dibujar, aún no aprendo bien jajaja). Ahí llegó mi segundo tesoro. Una vez el Leo se encontró con la caja sobre mi escritorio y se dio cuenta que no estaban tan usados y se sintió mal, obvio que para ese tiempo el no sabía lo miserable que era yo con mis lápices y que no les sacaba punta para que no se vieran feos, pero sí, si los ocupaba y sigo ocupandolos (y aún sobreviven sin que les saque punta).




3. Cuando era chica siempre tenía muchas gomas. Gomas especiales obviamente, siempre tenían figuras de princesa o de lo que fuera, pero eran especiales porque se me perdía todo entonces mi mamá me compraba cosas distintas para que las reconociera en cualquier parte. En fin, era un dolor enorme usarlas por primera vez, así que las usaba por un solo extremo para que no se gastaran de manera uniforme. Entonces como eran bonitas todos me las pedían y yo les explicaba que las usaran solo por ese extremo jajajaja. Una vez le presté una de mis hermosas gomas a un compañero y le gastó la cabeza a mi goma de Cenicienta, no pudo ser es vestido, la dejó sin cabeza. Jamás lo voy a olvidar. Ahora vivimos cerca y a veces cuando lo veo me acuerdo de la goma y me da risa.

4. Hay gente que es miserable, yo por ejemplo, pero hay gente que lo es más. Como esos papás que no dejan a sus hijos prestar sus lápices. Cuando iba como en primero-segundo básico había un compañero que tenía unos lápices scripto maravillosos, pintaban super parejito y no se acababan nunca, además los colores eran más brillantes de lo normal y yo alucinaba con ellos. Una vez se los pedí y me dijo que su mamá no lo dejaba prestarlos, fue un trauma para mi, así que intenté negociarle sus lápices por mi juego de timbres (tenía unos plumones que por un lado eran plumón y por el otro eran timbres), pero aún así no me los prestó. Nunca los encontré en ninguna librería tampoco.

5. Para finalizar les voy a contar que cuando era pequeña coleccionaba stikers. Como mis papás son de esas personas que te regalan todo, cada vez que íbamos al centro me compraban muchas tiritas de stikers y yo las iba pegando en mis álbumes. Al final alcancé a tener varios, más de 12 álbumes llenos y muchas muchas bolsas de stikers que nunca abrí pero que aún tengo guardadas. Tenía unos super bonitos, mi mamá siempre elegía unos que tenían relieve, unos de terciopelo, unos con glitter y así iba armando una colección bien decentona (mi papá casi siempre me traía unos que eran más feitos, pero no importa, a mi igual me gustaban). Con esto no era miserable eso sí, siempre le regalaba stikers a mis amigos que tenían menos o que no tenían modelos especiales.


¿Les gustan las cosas de escritorio? ¿son miserables a veces?

 Que tengan un buen día!



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